UN MAL SERVICIO QUE AUN ASÍ QUIERE AUMENTO DE TARIFAS

CON PRECAUCIÓN
Sergio Mejía Cano

Se dice que no se deben de citar cosas personales en una columna de opinión, pero en ocasiones es preciso, como en este caso a continuación debido a experiencias personales con el servicio del transporte urbano, y porque creo que no soy el único que ha sufrido el mal servicio que ofrecen algunos de los conductores de este tipo de transporte; insisto, algunos, no todos porque desde luego que como en todo, hay sus excepciones.

Desde hace algunos años tengo por costumbre acudir todos los domingos por la noche a una reunión familiar en las inmediaciones de la colonia Mololoa, por lo que alrededor de las 20:00 horas espero el camión de la ruta Mololoa en las inmediaciones de la estación del ferrocarril, camión que pasa con una separación aproximada a los 15 minutos, es decir, que si no alcanzo el de las 20:05, tengo que esperar el siguiente que pasa alrededor de las 20:20 horas.

Sin embargo, el domingo 24 del pasado mes de noviembre le hago la señal de parada a un camión que se detiene, pero cuando lo iba a abordar me dice el chofer que nada más llegará hasta la Plaza Antigua, así que como voy más allá decido esperar la siguiente unidad que llegó 15 minutos después. Pero igual, ya me iba subiendo al camión cuando me dice el conductor que nada más llegará hasta la Plaza Antigua, le digo al chofer que qué es lo que pasa, el conductor del de adelante dijo lo mismo, que ya no hay servicio más allá de la Plaza Antigua, a lo que el chofer únicamente se encogió de hombros diciendo que no sabe, pero que si quiero me da un “raite” a la Zacatecas y Victoria, a lo que accedo y más de buen gusto porque no me cobró el pasaje.

El domingo 1 de diciembre de nuevo en las inmediaciones de la estación ferroviaria espero el camión ruta Mololoa a la misma hora de siempre, a las 20:00 horas y ahí viene, ya casi para detenerse la unidad, al parecer el conductor mira que traigo en la mano mi credencial del Inapam por lo que sin detenerse cierra la puerta y da el arrancón, y en lo que le grito al chofer que pida aumento, quiero tomar el número de la unidad pero como está oscuro mi vista no lo alcanza a distinguir. Bueno, espero el siguiente camión y al ir subiendo el chofer me dice que nada más llegará hasta la Plaza Antigua, ni modo, como ya son casi las 20:35 me subo para caminar de ahí hasta mi destino en la colonia Mololoa.

El domingo 08 igual, espero cerca de la estación férrea el camión, son las 20:05 y no pasa, son las 20:30 y nada que pasa, y como ya lo he tomado hasta faltando 10 minutos para las 21:00 sigo esperando, pero son las 20:50 y ni sus luces; 45 minutos esperando y jamás pasó el camión de la ruta Mololoa; ni modo, a pagar taxi. Y no es que sea paranoico, porque pudiera irme a pie, pero tal y como están las cosas en cuestión de la inseguridad, mejor es no arriesgarle, aunque para ser asaltado posiblemente hasta arriba del camión, porque como dijo El Principito: “uno nunca sabe”.
Este domingo 15 al estar esperando de nueva cuenta el camión de la ruta Mololoa pasó un familiar en su auto que me llevó a mi destino, por lo que no supe ahora si pasó o no pasó el camión o si pasó y nada más llegaba hasta la Plaza Antigua.

Esto viene a colación debido a que se dice que capacitarán a los conductores de servicio para que den un buen trato al público usuario; pero al parecer será cosa difícil.

El pasado martes 17 de este mes de diciembre, alrededor de las 19:00 horas voy al centro de la ciudad, pero mis pies protestan por lo que decido esperar el camión o la combi, ahora sí voy nada más a la Plaza Antigua. Espero siete minutos y por fin llega un ruta 24, el conductor es un muchacho moreno delgado que no responde a mi saludo al subir, lo vuelvo a saludar y tal y como si haya saludado al volante, bueno ni modo. El chofer trae un amigo al que le dice al casi llegar al cruce con la P. Sánchez que baje a comprar dos cigarros en una tienda que está por ahí. No le vendieron. Al llegar a la Plaza Antigua, el chofer abre la puerta delantera y una señora y yo nos disponemos a bajar, cuando de pronto el chofer le dice a su amigo que si aquél que está allá es fulano, al recibir respuesta afirmativa cierra la puerta y da vuelta por la Zacatecas y se le empareja a otro camión de la ruta 24 también increpándolo porque estaba dentro de su tiempo, hace que nos bajemos rápido y se arranca, y el chofer del otro camión dio vuelta cortando su ruta por la calle Lerdo hacia el oriente.

Entonces se entiende que los choferes hacen lo que quieren.

Sea pues. Vale.