SUBEN CIFRAS DE HOMICIDIOS DOLOSOS

SEGURIDAD Y DEFENSA
Carlos Ramírez
El reporte mensual del Sistema Nacional de Seguridad Pública sorprendió por las cifras más significativas: las de los homicidios, y entre ellos los dolosos o criminales: 12 mil 31 en el periodo enero-mayo, contra 7 mil 792 en el 2013 y 4 mil 343 en el 2007. Cada año es el primero formal de cada gobierno.

Las cifras por sí mismas no conducen a ninguna conclusión, pero sí revelan indicios sobre la eficacia de la estrategia nacional de seguridad pública. En los primeros seis meses de gobierno –incluyendo diciembre de 2018, mes de inicio de la nueva administración– hubo una redefinición de la política de seguridad para pasar de la ofensiva contra el crimen organizado/desorganizado a una propuesta unilateral de pacificación.

Seis meses son pocos para evaluar si la estrategia de paz va a dar resultados, sobre todo si fueron también meses de jaloneos para la fundación de la Guardia Nacional y la aprobación de la Estrategia Nacional de Seguridad Pública. De todos modos, sí alcanzan para tener algunos indicios de lo que está ocurriendo al interior de las bandas de delincuentes.

En este sentido se percibe una baja en la violencia entre los grandes cárteles, salvo por el activismo criminal del Cártel Jalisco Nueva Generación, movimientos defensivos del Cártel de El Chapo y las bandas de secuestradores formadas por sicarios de algunos cárteles. En todo caso, los eventos violentos han disminuido en acciones, pero han aumentado en homicidios.

Donde se ha percibido un aumento en las actividades delincuenciales es en la inseguridad al menudeo: asaltantes en solitario o de dos a tres personas que roban a automovilistas, usuarios de camiones de pasajeros chicos y grandes, saquean negocios y se meten a las casas. El problema radica en que la policía preventiva capitalina se está preparando más para las nuevas leyes cívicas que siempre han sido propicias para la corrupción también al menudeo –mejor conocida como mordidas– y no para enfrentar a delincuentes.

Las cifras de enero-mayo de 2019 dibujan el tamaño del desafío de seguridad y exhiben la incapacidad de las autoridades para retomar el control de la estabilidad social con delincuencia. Y lo que queda por aclarar sería la respuesta gubernamental a estas cifras oficiales: mantener el modelo de pacificación por arrepentimiento de los delincuentes o regresar a la persecución de infractores de la ley sin posibilidad de amnistías.

En términos generales, en enero-mayo de 2019 hubo 833 mil 457 delitos en toda la república, una media de 5 mil 557 diarios. Esta cifra es 16.4 por ciento mayor que la del mismo periodo de 2013 y 25.8 por ciento que la del mismo lapso de 2007. Es decir, que el inicio delincuencial de sexenio ha sido peor en el actual que en los de Peña Nieto y de Felipe Calderón.

Otros datos significativos del periodo enero-mayo de 2019:
–Total de homicidios, dolosos más culposos: 18 mil 513. Los dolosos fueron el 65 por ciento del total.
–Feminicidios: 369, casi 2.5 al día.
–Secuestros reportados: 571.
–Violaciones simples y equiparadas: 6 mil 924, una media de 46 diarias.
–Total de delitos contra el patrimonio, sobre todo robos en diferentes modalidades: 426 mil 309, una media de 2 mil 842 diarios.
–Robos a negocios: 47 mil 441, una media de 316 al día.
–Y, entre otros, 27 mil 974 delitos tipificados como de narcomenudeo, una media de 186.5 diarios. Esta cifra revela hechos procesados, porque el narcomenudeo es mucho mayor: sólo en CDMX podrían existir alrededor de 8 mil narcotienditas, con servicio a domicilio vía mensajeros.

Estos delitos están encajonados en los de fuero común, es decir, de responsabilidad de estados y municipios. El combate a estos delitos, por lo tanto, también es responsabilidad de los cuerpos estatales y municipales de seguridad, justamente los que se niegan a profesionalizarse y a capacitarse. Y ante la incapacidad local, gobernadores y alcaldes están a la espera de la Guardia Nacional. Lo grave es que las autoridades locales tampoco han hecho el esfuerzo de hacer un diagnóstico de la inseguridad, tampoco han hecho estudios sobre la presencia de bandas y menos tienen identificados a sus dirigentes.

Las cifras enero-mayo de 2019 sobre la inseguridad aportan suficientes datos para concluir, en primera instancia, que la estrategia federal de seguridad pública no ha dado resultados y que se requiere de un golpe de timón para regresar al combate de las organizaciones criminales y no quedarse sentados esperando la Conferencia de Paz y el arrepentimiento de cárteles que viven de y para la violencia criminal.

ZONA ZERO
–En una vista general se acumulan datos de que la Guardia Nacional está rebasada por actividades. Pensada para vigilancia presencial en zonas calientes de inseguridad, la están movilizando a actividades migratorias que sí están consideradas en sus funciones, pero que no se suponía que fuera un problema tan grande. Y el problema mayor es que el registro de aspirantes es menor al esperado.

–Menuda sorpresa que se llevó la jefa de gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, en una visita al Ajusco, por el lado de la Delegación Tlalpan. Sorprendida, la funcionaria dijo que nunca se imaginó el grado de inseguridad en la zona. Lo malo es que ella fue jefa delegacional en Tlalpan, antes de competir por la jefatura de gobierno. Lo que algunos analistas han señalado es que la inseguridad desbordada en Tlalpan está en todas las alcaldías. Y que el gobierno capitalino central no se preparó para esa emergencia.
–Comienzan a salir datos de que dentro de los migrantes que ingresaron a México sin pasar por registros aduanales y que quieren pasar a los EE. UU. sin cumplir con los requisitos migratorios existen muchos delincuentes colados que se están quedando en México y otros que quisieran meterse a los EE. UU. para delinquir. Estos delincuentes disfrazados de asilados serán otro dolor de cabeza para la cancillería mexicana.

El autor es director del Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.