REPORT-ARCE: EL SAXOFONISTA (1 DE 2)

Rigoberto Guzmán Arce

Desde que concertamos la entrevista, fue muy extraña, diferente. Se bajó de un auto compacto, de colores tipo europeo, vestido de pantalón y camisa blanca, zapatos verdes, saco azul claro, sombrero azul y sobre todo su estilo original que resaltaba ante los demás. Parecía que había salido de una página de novelas de Balzac o cuento de Julio Cortázar.
Días antes nos contactamos por Facebook y lo que me llamó mucho la atención es su tenacidad, quería venir a su tierra desde Aguascalientes, donde radica, a participar en las fiestas patrias, volver a recorrer las calles, evocar recuerdos, mirarse en el espejo de los amigos como Chuy Flores. Dar a conocer su alma plena y musical con el instrumento que hace llorar o reír, descubrir o encubrir sentimientos, el sonido nostálgico que nos lleva y nos trae en cuestión de segundos.

Quedamos de vernos el martes 12 en la plaza Monseñor Justo Barajas, la llamada de los Pájaros Muertos. Saludo a su esposa Laura Aguilera, nos sentamos en una banca que tiene un pedazo de sombra y me asombra su tranquilidad física, pero pronto va delineando sus pasiones, el origen de su gusto o descubrimiento por la música es por culpa de un accidente que tuvo al caerse de un piso como de cinco metros de altura, se golpea la cabeza y durante su rehabilitación, para recuperar el movimiento de la muñeca fracturada usa pelotas de masaje, pasaron meses y para no enfadarse se acuerda que tiene una trompeta y quiere aprender a tocarla, pero en un centro comercial ve que un hombre, en uno de los grandes pasillos, está tocando el saxofón de manera tan sublime que se siente hipnotizado que rápido le pregunta al músico, su disposición para que le imparta clases.

Acepta y compra el manual, se ponen de acuerdo para las horas semanales y el costo. Una hora semanal y 750 pesos mensuales. La ceremonia inicia. Benjamín López Espinosa, nacido en 1954 por la calle Allende, hijo de Eleodoro López y Cecilia Espinosa comienza la odisea, la aventura a un mundo desconocido, a imaginar lo romántico de tocar el saxofón, sin darse cuenta que es la incertidumbre de lo complejo y el sacrificio.

Con su Yanaguisawa As 00135265 modelo 880 recibe a su instructor Luis Hernández en su casa y le da órdenes que abra el estuche y Benjamín apresurado lo abre con la tapa al revés, pero no es así, debe abrirlo como si fuera un animal congelado de la manera que se vea que repose y no se sacuda. Surgen los rituales antes de aprenderse una melodía completa.

El ensamblar la caña para las vibraciones, la boquilla atornillarla, instrucciones, mano derecha abajo, mano izquierda arriba, soplar suave, los dedos van a estar trabajando, ser suave como si se estuviera abrazando a una mujer, que sea la extensión natural de uno.
Las notas musicales, pentagramas, puntear espacios, de lo más grave, los intermedios, agudos, la llave del secreto, la embocadura, tocar con partitura en las llaves como de concha nácar, pegarle papelitos, mirarse al espejo para que los dedos se acostumbren andar solos sin la tutela de los ojos. Tocar elegante, sin verse presionado, llenar de aire el diafragma y lentamente irlo gastando sin que se note hasta alcanzar la suavidad de los movimientos.

No inflar los cachetes, ni sentir mareos, la famosa técnica de respiración. Una verdadera burocracia musical. Así pasaron seis meses y todavía no salía de lo mismo y Benjamín ya quería tocar como los grandes, por lo menos interpretar una canción. Desesperado ingresa a internet para buscar horizontes y conectarse al mundo de los saxofonistas y sigue el manual de Iván Meyer, súper educativo de la A la Z conoce sobre los instrumentos, los tipos, marcas, caros, baratos, páginas francesas, alemanas, norteamericanas, y sin darse cuenta poco a poco se iba metiendo, adentrando, envolviendo que se convirtió en una pasión, por no decir obsesión.

Encontrar el fluido de la columna del aire, como si fuera un expedicionario, la música estaba arriba de la montaña sinuosa, la melodía desencadenada lo esperaba, mientras él lo intentaba entre mareos, confusiones, enredos hasta que llegó la noche de su primera grabación con Perfidia… Continuará el próximo martes.

2 Comments Join the Conversation →

  1. Aranza

    Gracias, por transportarme, por involucrarme, y alejarme unos instantes del mundo ajetreado y caótico de éstos días.

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  2. Benjamin López Espinosa

    Muchas gracias,por entrevistarme,fue un placer platicar contigo, Maestro Rigoberto Guzmán Arce.

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