Tepic, Nayarit. Jueves 9 de Septiembre de 2010.

Humanismo y Enajenación

Escribe Octavio Camelo Romero

2007 / 06 / 04

El humanismo y la enajenación son los polos de la relación contradictoria. Cada uno niega al otro. Donde haya enajenación no hay humanismo y viceversa, donde haya humanismo no hay enajenación. Este fue el verdadero conflicto que experimentó el Che después de asimilar los Manuscritos de 1844 de Marx. Y cuando asume el humanismo como la principal tarea de la revolución comunista, surge al mismo tiempo su distanciamiento con el socialismo real, surgen las divergencias con quienes están conduciendo el nuevo sistema socio-político como con quienes están conduciendo las luchas liberadoras de los pueblos, las luchas revolucionarias por la emancipación de la humanidad. Y a más de medio siglo de distancia el Che sigue vigente y la solución a su planteamiento no se ha dado ni siquiera teóricamente. Por el contrario, quienes encabezan la lucha por la liberación del hombre, quienes encabezan la lucha por la emancipación de la humanidad cada vez más se distancian del humanismo y se acercan a la enajenación.

Independientemente de cuales sean las “gafas” que nos pongamos para “ver” el trabajo, ya sean las antropológicas o las socio-históricas, el trabajo enajenado o la enajenación se encuentra en una doble relación, por un lado con la esencia humana en cuanto niega las “fuerzas esenciales del hombre”, o sea, aquello que es propio del ser humano, y por el otro, con la historia en tanto que el trabajo enajenado o la enajenación es una forma histórica y por tanto, transitoria del trabajo humano o del modo de vivir de la humanidad.

Existe una estrecha y dialéctica relación entre las formas y los contenidos del pensar por una parte y los modos de ganarnos la vida, los círculos sociales y los ambientes en donde nos desenvolvemos por la otra. No se necesita ser sabio para darnos cuenta que si vivimos y nos desarrollamos en circunstancias y ambientes enajenantes, nuestras formas de pensar y pensamientos serán expresiones de esa vida enajenada que llevamos, serán formas de pensar y pensamientos enajenados, que a su vez retroalimentarán mi vida enajenada. Liberarme de eso, esto es, liberarme de la enajenación de mis pensamientos y de la enajenación de mi modo de vivir es justamente recuperar las fuerzas esenciales del hombre que he perdido, es llegar al humanismo. Pero para llegar a eso, se tienen que acabar todas las condiciones socio-históricas que generan la enajenación. Este es el planteamiento central del humanismo.

El trabajo enajenado y las relaciones de apropiación privada son como dos caras de una misma moneda. Donde y cuando aparece una se encuentra la otra y viceversa. Históricamente surgen como consecuencia de la transformación tenida en las relaciones sociales por haberse desarrollado la producción al punto de tener excedentes de productos, por el surgimiento del intercambio de productos, por el desarrollo de la división del trabajo social, por la transformación del producto del trabajo en mercancía, etc.

El surgimiento socio-histórico fue lento e imperceptible, pero llegó el momento en que se consolidó. Antes de las relaciones de apropiación privada, de la transformación de los productos en mercancías no existe propiamente del trabajo enajenado. La división del trabajo de la sociedad refuerza la enajenación tanto en la producción material como en las relaciones entre los hombres. El intercambio mercantil en el fondo es un intercambio de propiedades privadas.

Las relaciones de apropiación privada son aquellas relaciones que se establecen entre dos sujetos, uno de los cuales produce un objeto pero no le pertenece, le pertenece al otro sujeto, al que no lo produjo. Estas relaciones de apropiación privada se expresan en normas jurídicas y todo el aparato del estado, o como se dice, todos los niveles de gobierno, se dedican a que no se trastoquen estas relaciones de apropiación privada. Quien quiera modificar tales relaciones es catalogado de inadaptado o que quiere subvertir el orden social. Pero tales relaciones de apropiación privada son una forma histórica de las relaciones entre los humanos y por lo tanto, transitoria de las relaciones sociales. Más aun, no puede desaparecer la enajenación o el trabajo enajenado sin la desaparición de las relaciones de apropiación privada. Y estas persisten allí donde siguen existiendo la producción y el intercambio de mercancías, donde sigue existiendo el salario como pago por el uso temporal de la fuerza de trabajo al servicio de quien paga, donde el trabajador no es libre de decidir ni de administrar su actividad productiva, etc.

Y es en estas exigencias donde el “Humanismo” exhibe a los inauténticos. No pueden ser humanistas los diputados, gobernadores, presidentes municipales y de la república y funcionarios en general que no promuevan la desaparición de las condiciones de existencia de la enajenación y del trabajo enajenado. No pueden ser humanistas los partidos políticos que sustenten su actividad en el trabajo enajenado pero que además, en sus planteamientos, programas y prácticas políticas no se propongan acabar con las condiciones de existencia de la enajenación. No son humanistas los sistemas socio-políticos socialistas que no se propongan suprimir el salario como forma de pago de la fuerza de trabajo, suprimir la mercancía y el intercambio mercantil, suprimir la existencia de las relaciones de apropiación privada y plantearse como tarea fundamental, la liberación del hombre de su enajenación.

Como se ve, el humanismo es más exigente de lo que parece y por eso el Che se fue a seguir luchando.



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