No nos une el amor sino el espanto

Nos quieren sin cabeza solamente necesitan manos
Ernesto García Núñez
XX, En ambos bordes, 2a Parte.
(Poeta, dramaturgo y narrador nayarita)

¿Recuerdas que la semana pasada imaginamos cómo sería Nayarit si se garantizara el acceso a la cultura de todos sus habitantes y que juntos, y a solas, en ese ejercicio de imaginación, no dábamos cabida a la ignorancia, el hambre, la muerte, la corrupción y la injusticia? ¿Recuerdas también cómo se nos inflamó el corazón y nos brotaron, como hojas tiernas, las ganas de hacer algo por vivir en el paraíso que soñamos? ¿Recuerdas? Cuando un pueblo recuerda, aviva la memoria colectiva. Y cuando la memoria común y compartida se aviva, el pueblo gana sentido de vida.

En términos muy generales, podemos decir que Cultura es todo aquello que la sociedad hace de manera reiterativa en el tiempo y comparte con el resto de sus miembros porque les otorga sentido de vida. No sólo las artes forman la cultura de una sociedad. La manera en la que hablamos, convivimos y festejamos, así como las formas de organización que tenemos en la escuela, en el barrio, en el trabajo o en casa, son una manifestación de nuestra cultura. La religión que practicamos, la manera en que nos relacionamos con la naturaleza o con las instituciones públicas, son expresiones culturales. A todo esto podemos llamarlo: nuestro entorno cultural.

Toda expresión o manifestación cultural cambia y se modifica a la par que las sociedades se transforman; es decir, la cultura no es algo estático, fijo, inamovible. La cultura surge de las personas que conforman una familia, una comunidad, un pueblo, una ciudad, un país, un continente, un mundo y también, un individuo. La cultura surge de la vida, por lo tanto, la cultura es dinámica, se mueve, se transforma.

De acuerdo con Gilberto Giménez, estudioso de la cultura en nuestro país: “no existe cultura sin sujeto ni sujeto sin cultura”. En términos coloquiales, podríamos decir que las personas son a la cultura lo que la gallina al huevo, partes indisolubles de un mismo concepto. Sin huevo no hay gallina y sin gallina no hay huevo; sin cultura no hay sociedad y sin sociedad no hay cultura.

Ahora lo que te propongo, estimado lector, es que hagamos una lectura, desde la cultura, al paro de labores que realizan choferes tepicenses de la ruta Progreso 4. Para esto, es necesario decirte que durante más de 20 años, los choferes del transporte urbano han sido testigos de la pérdida de derechos laborales.

Antes, dicen, uno trabajaba y podía juntar para comprar una casa; teníamos Seguro Social para nuestras familias; podíamos aspirar a tener un permiso y ser los dueños de nuestro propio camión, taxi o combi. Ahora tenemos compañeros con más de 20 años de servicio sin permiso, sin Seguro Social, sin casa y sin salud. Ahora no se les reconoce el derecho universal de pertenecer a un sindicato; tienen que pagar de su sueldo un porcentaje del diesel que consume el camión y firmar en blanco la renuncia voluntaria y un pagaré, para que cuando la unidad se dañe, el patrón no gaste y si gasta, pues que recupere su dinerito.

¿QUÉ SENTIDO TIENE TRABAJAR EN ESTAS CONDICIONES?
Los choferes del trasporte público de Tepic han mantenido viva la memoria colectiva; ellos recuerdan cómo era su vida cuando su trabajo les permitía pagar sus estudios o los de sus hijos y que el sueldo les alcanzaba para salir a pasear con la familia o los amigos un domingo. Los choferes del transporte público recuerdan lo eficientes y responsables que tenían que ser para no perder su trabajo y sus beneficios. Los choferes de la ruta Progreso 4 recuerdan lo bueno y lo malo que ha significado por generaciones ser trabajador del volante.

Los choferes de la ruta Progreso 4, cada que recuerdan, comprenden más y mejor, por eso actúan. Ellos saben que la ley permite que los trabajadores se organicen y agrupen en sindicatos, por eso se organizaron y crearon el SITRATEN; saben que tienen derecho a un trabajo digno y a un salario justo y suficiente y que va contra la ley no otorgar Seguro Social a los trabajadores o registrarlos con una cuota menor al salario que en realidad perciben.

Los choferes de la ruta Progreso 4 saben que barrer, cortar el pasto, regar las plantas y recoger la basura de la plaza que ocupan para su lucha, es una forma de cuidar el patrimonio cultural de la ciudadanía.

Los choferes de la ruta Progreso 4 no son los únicos que comienzan a cambiar sus prácticas culturales en busca de encontrar sentido, también hay ciudadanos que se han solidarizado con esta lucha, por ejemplo, los comerciantes ambulantes, miembros de otros sindicatos y ciudadanos comunes y corrientes han contribuido a esta resistencia proporcionándoles alimentos e incluso dinero para sus familias.

Tú, hacedor de cultura y arte, ¿de qué manera contribuirás a que el valor cultural de la solidaridad con las causas justas no se pierda?

Recuerda, como dijo Borges “no nos mueve el amor sino el espanto”.

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