MUERTES INÚTILES

CON PRECAUCIÓN
Sergio Mejía Cano

Triste y lamentable la muerte del periodista nayarita Jesús Alejandro Márquez Jiménez, y más triste aún por la manera en que ocurrió su fallecimiento: por asesinato. Un posible artero asesinato que ahora toca a las autoridades dilucidar completamente para evitar especulaciones al respecto y habladurías que la mayor de las veces recae más en las mismas autoridades y desde luego en el prestigio del hoy desaparecido.

Si el deceso del señor Márquez Jiménez se debió a asuntos personales, pues ni modo, ya que nadie está exento de tener problemas particulares de menor o mayor grado; sin embargo, si su homicidio se debió por causas de su labor periodística, ahí sí que está más mal el asunto porque ahora ya está comprobado de bien a bien que no tiene ningún caso matar al mensajero, y menos hoy en día en que la tecnología de la información corre por todos lados y ya no hay modo de acallar determinada información, ya que si se bloquea por un lado, resurge más fuerte por otro.

En realidad el que se mate a periodistas es ya inútil en nuestros días, son muertes inútiles que de nada sirven a quienes las cometen o mandan ejecutar, porque precisamente debido a dicha tecnología es prácticamente muy difícil ocultar algo; y además, si se trata de callar algo, peor aún, pues surgen de inmediato las especulaciones, rumores y noticias que bien podrían ser falsas pero que debido a que a quien las estaba emitiendo le segaron la vida, aparece entonces la evidencia de que tal vez sí era cierto lo que estaba informando el mensajero asesinado.

Anteriormente, cuando aparecía una nota incómoda para algún personaje de altos vuelos ya sea en lo político, en lo social y hasta empresarial, con decomisar periódicos y revistas -en donde aparecía una nota incómoda- de los puestos de venta era asunto solucionado, como el sonado caso de “El Zorrazo” en el penal Venustiano Carranza de la capital nayarita, allá como en diciembre de 1988 en que en cuanto llegó la revista de circulación nacional “Proceso”, de inmediato desapareció de los puestos de venta diciendo los expendedores y voceadores que alguien había adquirido por montón todas las revistas; así que para quien le interesaba que nadie en Tepic y el estado de Nayarit leyera lo referente al motín en el penal mencionado, con recoger los impresos en donde aparecía la información al respecto ya era asunto solucionado. Pero hoy en día esta medida ya no tiene caso, pues si se decomisa una revista o periódico, he ahí el internet en donde no nada más un portal podría dar cuenta de un hecho o suceso relevante, sino varios portales y páginas tendrían la misma información, por lo que sería inútil ocultar un impreso; y obviamente que se aplicaría aquello de que no se puede tapar el Sol con un dedo.

Y a propósito de aquél amargo diciembre de 1988 en Tepic, tampoco se pudo ocultar la información al menos en la misma ciudad capital, porque si bien desapareció de los puestos expendedores la revista semanal Proceso, en la estación del ferrocarril sí era posible adquirirla a la llegada de los trenes de pasajeros tanto procedentes de Guadalajara o de Mazatlán, ya que los mismos empleados por encargo llegaron a traer varias revistas, y cuando los agentes de publicaciones, los que vendían arriba el tren se dieron cuenta del impacto que resultó el contenido de dicha revista, traían por montones dicha revista, dejándolas muchas de ellas con los jefes de estación desde Ixtlán hasta Tepic y desde Acaponeta hasta la capital nayarita.

Es muy difícil querer ocultar una información, porque si antes que no había internet de todos modos hubo mucha gente que leyó esa revista que alguien trató de ocultar para su venta aquí en Nayarit; así que mucho menos hoy en día en que las noticias vuelan y dan la vuelta al mundo en un instante.

Y precisamente he ahí lo del mentado “zorrazo” que, así se haya podido ocultar a la opinión pública, ahora es pan comido ya que se puede tener acceso a esta información con tan solo pulsar una tecla después de buscar alguna información en el navegador.

Así que si la labor de este periodista ultimado se debió a su acción reporteril, pues qué mal porque es un hecho que como dicen los chinos: la verdad siempre sale a flote como una gota de aceite en el agua. Y si su asesinato fue por causas de otra índole, pues le toca a las autoridades hacer una buena investigación y llegar al fondo de tan triste asunto, como todos los demás similares y no nada más de periodistas, sino de cualquier otro ciudadano.

Sea pues. Vale.