MIS METAS PARA EL 2018

Francisco Javier Nieves Aguilar

Una Navidad agria y un recibimiento de año nuevo amargo en grado superlativo. Cada campanada, cada sonido que escuchaban mis maltratados oídos taladraban mi mente y corazón.

Los mensajes de “Feliz Año Nuevo”, “Bienvenido el 2018” me parecieron huecos. “Es que estás amargado”, me dijo alguien por ahí. Yo arqueé mis cejas y me puse a reflexionar: Cada que recibimos un nuevo año decimos lo mismo. Hay brindis, hay abrazos, pero solo es por unas cuantas horas. Después continúan las envidias, la gula; se impone el orgullo, el recelo, y en fin.

Como ocurre casi siempre empezamos con renovados bríos y una esperanza que nos hace sentir fuertes ante lo que venga; sin embargo, conforme pasan los días, las semanas y los meses, la rutina y los problemas nos devoran. Los principios y metas que nos forjamos el primero de enero ¡puf!, se esfumaron.

Pero, ¿saben?, ¡mentira que me estoy haciendo viejo! Siento, palpo y mantengo vivos mis recuerdos. Ahora mismo me veo “chiroteando” por la calle de Abasolo, cantando “Los Laureles”, jugando “al paño” y a “la mocha”, al “cinto escondido” y a “los encantados”…
Acaricio a mi perro “El coronel” mientras me encamino hacia el canal, junto con Chicho Balderas y Chago Hernández.

Con resortera en mano y mis huaraches de correas me interno por las añejas veredas que conducen a los trapiches, correteando lagartijas y cuidando no ser sorprendido por alguna coralilla o culebra “ratonera”.

Tengo presente los buenos tiempos del “Cine Encanto”, así como de aquellos campos sembrados de chufas. Las canchas deportivas de El Llano llenas de huizapoles, los trabajadores del ferrocarril arreglando los rieles, la changuita de la gasolinera y muchas otras cosas más.

Cosas del “ayer”. Tiempos idos; pero hoy es otra la realidad; un mundo raro, épocas de crisis y de un futuro incierto.

Hay elecciones este año. Los mexicanos vamos a elegir al nuevo Presidente de la República, a los senadores y a los diputados federales. Por eso quiero, deseo y pido a quienes pretenden ocupar esos cargos públicos, que edifiquen una sociedad realmente competitiva; que no piensen más en llenar sus bolsillos del erario público, que vean que los puestos de elección popular no son más que para servir al pueblo que los elige y no servirse de él.
Que rebajen sus sueldos elevadísimos, que eliminen impuestos innecesarios que generen empleos de calidad y calidez humana, que sean bienaventurados en ofrecer una educación de calidad que forme líderes pensantes y reflexivos, anti mediocres y adentrados en una superación personal que los lleve al éxito rotundo de aquello que han deseado emprender…

Quizá sea el momento de mirar para adentro y volver a las fuentes. Quizá sea tiempo de emprender caminos que nos lleven al hombre que somos, un hombre que al abrazarse a sí mismo, se convierta en unidad con el universo.

Mi meta para el 2018 en lo personal es cumplir los objetivos del 2017 que debería haber cumplido en el 2016, que prometí en el 2015 y que planifiqué en el 2014.

No voy a contar la misma historia de siempre en las reuniones familiares.
Trataré de ser más imaginativo.
Modificaré mi rutina laboral.
Ya no me verán más la cara de pendejo (bueno, eso digo yo).
Frecuentaré con más asiduidad a mis compañeros periodistas.
Pondré límites ante quien sea.
Aumentaré mis dosis de clonazepán.
Me desplazaré de raite o en olla a Jala y a Ixtlán.
No tendré ahora sí miedo a tomar decisiones que debí haber tomado hace tiempo.
Seguiré pintando las canas de mi ralo bigote.
Evitaré manejar de noche.
Voy a bañarme menos para no gastar tanta agua.

Comenzaré a comer más saludable; pero primero me voy a comer toda la comida chatarra que hay en la casa para que no sea una tentación.

Trataré de jugar más a las charadas y a cantar en karaoke (para ahuyentar a los ratones y
demás bichos rastreros).

Buscaré ya no escribir tantas pendejadas. FIN.

 

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