LA RONDALLA DEL GOBERNADOR CANTA PARA OBRADOR

PERFIL Y PORTADA DE LA CULTURA EN NAYARIT
Shantal Contreras

LA RONDALLA DEL GOBERNADOR CANTA PARA OBRADOR
Hace poco más de cuatro años, el programa de Misiones Culturales de la SEP, coordinado por SEPEN, mandó al poblado de Zapotán, municipio de Compostela, Nayarit, al músico Carlos Alberto Parra Medina. Cuentan los pobladores de la tierra de Tata Marmaya que antes de que el maestro Carlos llegara al pueblo, el profesor Miguel Ayón ya había despachado a seis maestros de música que nomás llegaban a escuchar silbar al viento. Pensaron que con Parra Medina sucedería lo mismo. Quizá tanta decepción les había anulado la esperanza de que los jóvenes de Zapotán pudieran encontrar en la música la posibilidad de una vida digna. Ocho meses después escucharían atónitos, en la plaza principal de Compostela, a la Nueva Banda de Zapotán convertida en una orquesta de metales.

El profesor Miguel Ayón, después de jubilarse, decidió seguir de manera independiente contribuyendo a la educación e integración social de su comunidad; compró una finca y la adaptó para que los jóvenes y niños en situación de vulnerabilidad tuvieran un espacio para vivir y estudiar. Como en la zona es muy apreciada la música de banda, el maestro Miguel Ayón, con la ayuda de amigos, vecinos y familiares, consiguieron instrumentos de segunda mano y fabricaron otros con materiales reciclados.

Parra Medina había regresado a Nayarit después de haberse formado profesionalmente como músico en Zacatecas, Colima y Morelia. Además de la formación académica, tenía una amplia trayectoria como músico y gestor cultural. Una situación familiar lo hizo volver; la necesidad de compartir sus conocimientos y ganarse la vida lo llevaron a las Misiones Culturales de la SEP. Le entusiasmaba el objetivo de las misiones: tres años en una comunidad para ayudar a que las personas encuentren en la capacitación no solo una posibilidad de trabajo sino herramientas socioemocionales para resolver problemas familiares y personales. Parra Medina estaba seguro de que la música transformaría la vida de Zapotán. ¿Y qué creen? No estaba equivocado. Miguel Ayón y Carlos Alberto Parra Medina, desde hace más de cuatro años, unieron sus capacidades y sus corazones para fortalecer con el estudio de la música el alma y la economía de la comunidad de Zapotán. Este poblado, como la gran mayoría de los pueblos de Nayarit, se encuentra diezmado por la pobreza, las drogas y la violencia.

El primer reto de Parra Medina, como misionero cultural, fue ganarse la confianza de un puñado de jóvenes rurales para los que la violencia es una manera normalizada de vivir. Los jóvenes aceptaron estudiar música ocho horas diarias. En pocos meses vieron compensada su disciplina. Miguel y Carlos gestionaron entre amigos, colegas, vecinos y familiares para poder dotar a los muchachos con instrumentos nuevos. Encerrados en la finca, bajo la sombra de un tejabán estudiaban afanosos, convencidos de que serían músicos profesionales. Solfeo, lectura de partituras, estudio de aspectos técnicos de ejecución por secciones y de ejecución por instrumento. La Chona, maestro, refunfuñaba alguno después de horas de ensayo sobre alguna partitura de Vivaldi. Esa la vas a tocar hasta cansarte, le replicaba Carlos, y le vas a deber a Vivaldi tocarla como los dioses. Todos reían y seguían estudiando. Todos, de alguna manera, anhelaban tocar como dioses. Ocho meses después, el pueblo de Compostela escuchó a la Nueva Banda de Zapotán con una propuesta de cuatro formatos: Banda Tradicional, con un repertorio de música popular; Big Band, con repertorio de Jazz; Big Band, con repertorio de música del mundo; y Orquesta de Metales, con repertorio de los periodos Barroco, Clásico y Romántico. Un elemento que hace a la Nueva Banda de Zapotán distinguirse de otras orquestas de metales, es el hecho de que su director, Carlos Alberto Parra Medina, ha hecho arreglos para que las armonías de las piezas que conforman su repertorio sean llevadas por la sección de clarinetes y trombones, en lugar del piano o la guitarra, como se acostumbra regularmente.

Desde el año 2015 a la fecha, el trabajo del director Carlos Alberto Parra Medina y del maestro Miguel Ayón ha ganado en calidad y reconocimiento. La Nueva Banda de Zapotán cuenta ya con un camión de su propiedad para trasladarse, tienen 12 vestuarios diferentes, renuevan constantemente sus instrumentos y se presentan no solo en foros locales. Su calidad musical los ha llevado a distintos festivales de México. El próximo 18 de marzo estarán en el puerto de Veracruz -tierra de grandes músicos-, para participar en la celebración del Día de la Expropiación Petrolera de nuestro país.

El compromiso de Parra Medina como misionero cultural con los jóvenes de Zapotán llegó a su fin pasados tres años, como lo establece el programa; sin embargo, su amor y compromiso aún no terminan porque sigue como director y arreglista de la orquesta. El maestro Miguel Ayón funge como representante. Todos los jóvenes de la banda estudian y tienen una cuenta de banco para ahorrar una parte de su sueldo. La mayoría de los jóvenes músicos de 13 a 19 años de edad, han mejorado su calidad de vida no solo gracias a los ingresos que perciben, sino a los valores humanos que les inculcan Parra Medina y Miguel Ayón. Su esfuerzo y dedicación comienza a influir de manera determinante entre los más pequeños. Así que ahora Carlos y Miguel, además de la Nueva Banda de Zapotán, forman a la Banda Infantil de Zapotán que reúne a pequeños de 6 a 9 años.

Mientras escribía estas líneas, recordaba la ventajosa práctica cultural del gobernador del estado durante el acto de recepción del presidente de México en Tecuala, Nayarit, el pasado viernes; ya que en éste, Antonio Echevarría García optó por iniciar el evento con la Rondalla Infantil “El Canto de Los Niños” (T++ iri Wa N+awari, en wixárrika), agrupación de la Fundación Álica, perteneciente al grupo empresarial de su familia.

¡Qué lejos está el gobernador de representar la cultura con honor!