EN LA BOLA NO SE SUPO

CON PRECAUCIÓN
Sergio Mejía Cano

EN LA BOLA NO SE SUPO
Oficialmente, el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador (AMLO) da por finiquitada la nefasta guerra contra el narcotráfico emprendida por el entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa y continuada también por Enrique Peña Nieto, cuyos resultados, no hay que decirlo, están a la vista: nada de nada que haya significado algo bueno para nuestro país.

Pero como siempre pasa, de inmediato comenzaron a surgir voces criticando esta sabia decisión. ¿Qué acaso quienes se han molestado y criticado que ya no se vayan a perseguir capos de la droga, tendrán funerarias? Porque no se explica de otro modo, ya que lo único que significó esa incruenta guerra fue una enorme matazón en donde los únicos que ganaron fueron los empresarios de pompas fúnebres y nadie más, porque incluso, existen varios Semefos en determinadas ciudades del país que aún conservan cadáveres sin identificar y que muchos de ellos murieron violentamente; y hasta posiblemente siga habiendo cuerpos sepultados en fosas clandestinas que aún están por descubrirse, ya no por las autoridades correspondientes, sino por familiares de infinidad de desaparecidos que tienen la esperanza de al menos encontrar sus cuerpos y así ya no estar con la incertidumbre de no saber de sus seres queridos.

Y desde luego que es sabia la decisión de AMLO y su equipo porque durante estos últimos 12 años de guerra contra el narco no se llegó a nada en realidad más que a asesinatos al por mayor y desaparecidos y desplazados que ya no se supo de bien a bien de quién habían sido víctimas, si de un bando o de otro o de quién sabe quien, porque tal y como se decía en la guerra intestina que prosiguió a la Revolución Mexicana a principios del siglo XX: en la bola no se supo. Y es precisamente lo que sucedió durante estos últimos trágicos 12 años que dejó miles y miles de muertos y desaparecidos y gente que se vio obligada a abandonar sus lugares de origen por la amenaza de no saber qué día les iban a llegar gente armada, ya fueran de grupos criminales o de las fuerzas armadas; pero tal y como llegaron a estar las cosas de calientes, mejor no arriesgarle si eran buenos o malos, por lo que muchas comunidades optaron por abandonar sus tierras y buscarle por otro lado.

A lo largo de esos negros años de guerra que emprendió Calderón Hinojosa se documentó que cayó fulano, zutano, mengano, etcétera; sin embargo, todo seguía igual, por lo que no estaría muy descabellado pensar que tal vez muchos de esos supuestos capos que dizque llegaron a apresar o a asesinar por parte de los gobiernos de Calderón y de Peña Nieto, no eran más que gente común y corriente y si andaban en malos pasos, pues quedó comprobado que entonces eran desechables porque más tardaban las autoridades en festejar con bombo y platillo su detención o de haber sido abatidos, y ya surgían otras cabezas; en fin, el cuento de nunca acabar. De ahí que esté bien esta decisión de la nueva administración federal encabezada por AMLO de no estarle haciendo al tío Lolo porque se ha comprobado que no lleva a ningún lado más que a los cementerios que ya están saturados a más no poder.

Quien haya caído de los capos que se presumió en su momento en las dos administraciones anteriores, ¿acaso se interrumpió el tráfico de estupefacientes? ¿Se vio gente arrastrándose en las calles por falta de droga? ¡Claro que no! Y lo malo es que no nada más cayeron supuestos capos y sus lugartenientes, sino probablemente mucha gente inocente que nada tenía que ver con los asuntos entre autoridades y aparentes grupos criminales.

En una población rural de Jalisco, estaba un grupo de amigos bajo la sombra de un frondoso árbol que tenía un panal de avispas que tal vez no habían visto la gente de ese grupo. A lo lejos, el maloso del rancho que traía una resortera decidió jugarles una broma tirándole al panal para que las avispas atacaran al grupo que estaba bajo el árbol. Y ¡bolas don Cuco!, que revienta el panal, pero las avispas no atacaron a las personas que estaban abajo del panal, sino que se dirigieron al de la resortera que tuvo que huir y meterse a un arroyo cercano.

Así Calderón que pateó el avispero y que no reparó Peña Nieto, las avispas están disgustadas con quienes los atacaron y no ahora con esta administración que no va a perder el tiempo atacándolos a sabiendas de que la violencia genera violencia y con el claro pensamiento de que el fuego no se apaga con fuego y menos con gasolina. Así que las avispas podrán estar en paz.

Sea pues. Vale.