EN BUSCA DE CENTAVOS

Francisco Javier Nieves Aguilar

Un día un muchachito estaba caminando cuando descubrió un peso de cobre brillando en el polvo. Lo recogió y lo sostuvo con entusiasmo. ¡El peso era suyo y no le había costado nada!

Desde ese día, dondequiera que caminaba, mantenía gacha la cabeza, sus ojos inspeccionando atentamente el suelo en busca de más centavos, y quizá otros tesoros aón mayores. Durante su vida, por supuesto, encontró más dinero.

En realidad, recogió 302 pesos, 24 monedas de cinco pesos, 41 de diez pesos, 8 de veinte pesos, 3 billetes de 50 y un gastado billete de a 100… un total de mil 242 pesos.

Mantuvo en lugar seguro su tesoro, protegiéndolo como una “herencia gratis” de riqueza. Se gozaba con el hecho de que ese dinero no le había costado nada.
¿O sí le había costado? Durante la búsqueda de su tesoro perdió de ver la plena belleza de las puestas de sol, el esplendor del arco iris, la hermosura de blancas nubes flotando por encima de su cabeza en un cielo de cristal azul, pájaros volando a gran altura, ardillas saltando en los árboles de rama en rama por encima de los senderos que transitaba y el brillo de las hojas de otoño danzando contra un fondo de sol otoñal.

Por buscar dinero se olvidó de encontrar a su pareja y de disfrutar del cariño de unos hijos; de saborear muchos alimentos y de admirar el azul del mar, las aguas cristalinas de los arroyos y de respirar el aroma de las flores.

Lo que obtuvo fueron tan solo mil 242 pesos, pero se perdió de vivir la vida a plenitud…
Y así somos la gran mayoría. Buscamos el sustento y las comodidades, pero nos olvidamos de vivir.

 

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