EL PUEBLO SIEMPRE FRATERNO Y SOLIDARIO 


Héctor Hugo Villegas Severiano

Han transcurrido ya diez días de la tragedia que azotó a la zona norte del estado a consecuencia del paso del huracán Willa que provocó que se desbordaran los ríos San Pedro y Acaponeta, lo que dejó bajo el agua a miles de hogares de los municipios de Tecuala, Acaponeta, Huajicori, Ruiz, Rosamorada, Santiago Ixcuintla, El Nayar y Tuxpan, que se reporta como el municipio más afectado de todos;  además, se registran afectaciones graves en zonas de cultivo, la pérdida de cientos de cabezas de ganado, decenas de toneladas de camarón, la destrucción de caminos y carreteras y decenas de escuelas bajo el lodo, lo que ha impedido que cientos de estudiantes puedan regresar a clases, pero la solidaridad y fraternidad de los nayaritas del resto de los municipios, de los que se encuentran en otros estados del país e incluso de aquellos que se encuentran en el extranjero, no ha dejado de fluir.

No hay premio ni reconocimiento que alcance para este pueblo que ha ido a los cientos de centros de acopio a dejar toneladas de víveres, ropa y artículos de limpieza para que se envíen a la zona siniestrada. Todos los días se hacen filas interminables de vehículos en las carreteras que se dirigen a los municipios afectados, con hombres y mujeres que se trasladan a las comunidades para ayudar en las tareas de limpieza para sacar el lodo de los hogares y calles, además de llevar comida y agua a las familias que lo perdieron todo. Una vez más, como en otras desgracias que se han registrado en nuestro país, la gente humilde y trabajadora no ha dudado en desprenderse de lo poco que tiene para dárselo sin reticencias a quien lo necesita.

Sin embargo, hay que señalar que, también aquí como en ocasiones anteriores, a pesar de toda la ayuda recabada ésta es insuficiente. Datos oficiales reportan más de 180 mil afectados, de los cuales 100 mil perdieron todas sus pertenencias, ante lo cual se nos dijo era urgente que el Gobierno Federal declarara zona de desastre a estos 8 municipios para que pudieran fluir de manera más rápida los recursos económicos al estado y con ello la ayuda a todas las familias afectadas. Hace unos días, gracias a la presión ejercida en redes sociales y medios de comunicación, se logró dicha declaratoria pero la ayuda gubernamental no llega aún en las cantidades que se necesita y son muchas las familias que no cuentan aún con alimento suficiente, agua para beber y cuando menos una colchoneta para descansar. Y por ello causó gran indignación entre la población la denuncia que hicieron los medios de comunicación al encontrar miles de despensas, cientos de garrafones de agua y decenas de colchonetas guardadas en el auditorio de la Presidencia Municipal de Tuxpan, que en el mejor de los casos muestra falta de organización e insensibilidad de la autoridad encargada de repartir los apoyos enviados por el pueblo trabajador a sus hermanos en desgracia.

Estaría por demás señalar que hay viviendas que se tendrán que demoler por el pésimo estado en que quedaron y será necesario reconstruirlas; otras tantas familias perdieron camas, colchones, mesas, sillas, estufas, refrigeradores y abanicos y se les tendrán que reponer. Se necesita que se implementen programas de empleo temporal que les permita a los pobladores contar con recursos económicos que les permita paliar su desgracia, además de que se apliquen las medidas sanitarias que impidan una pandemia a consecuencia de los animales muertos que aún hay en las calles y equipar nuevamente todas las escuelas que se quedaron sin butacas y pizarrones.

Hoy ya no hay pretexto para que toda esta ayuda se materialice y se empiece a cambiar el rostro de las comunidades afectadas. “La burra no era arisca, la hicieron los palos”, y por tanto, se hace necesario e indispensable que el pueblo se organice y se disponga a exigir la correcta aplicación de los recursos del FONDEN con la confianza de que el pueblo que se ha desbordado para brindarle su ayuda, también lo hará para exigir la transparente utilización de los recursos y que se cumpla la palabra empeñada, de esto no debe quedar la menor duda.