CON PRECAUCIÓN: NOTICIAS QUE ACAPAREN LA ATENCIÓN POPULAR

Sergio Mejía Cano

Allá como a principios de la década de los años 90 del siglo pasado, comenzaba a oscurecer cuando una vecina que estaba de visita en la casa se levantó de pronto de su silla y apresuradamente dijo que ya se iba. Mi madre le preguntó que por qué tanta prisa, que si acaso había dejado la olla de los frijoles en la lumbre, pero la vecina respondió que no, que se iba antes de que cayera la noche por completo porque le tenía miedo al chupacabras.

Obviamente quienes la escuchamos nos echamos a reír, no sin el respeto que nos merecía la vecina, pero lo había dicho tal y como si fuera una realidad latente eso del chupacabras. Y ya casi en la puerta de salida, nos preguntó que si no habíamos visto las noticias, que era como un murciélago gigante que andaba chupándole la sangre a las cabras, vacas y demás animales de corral, que les incrustaba unos colmillos descomunales y les extraía la sangre a esos animalitos, pero que habían dicho en las noticias de la tele que posiblemente también podrían chupar a la gente, sobre todo en horas de la noche porque no se había visto aún un chupacabras durante el día, así que ya mejor se iba a hacer lo que habían dicho en la tele: encerrarse y cubrir puertas y ventanas susceptibles de que se pudieran abrir de un golpe.

Lo extraño del caso es que a este tipo de noticias se le dio una difusión a nivel nacional debido precisamente a las televisoras, la radio y prensa escrita. Sin embargo, todo esto eran supuestos testimonios de gente que afirmaba ante reporteros de toda índole que en la madrugada habían escuchado un fuerte aleteo y que al amanecer y salir al corral habían encontrado a unos de sus animalitos muertos y con la marca de colmillos en su cuello; y desde luego se trasmitían imágenes de chivos, aves de corral y hasta de canes muertos y supuestamente sin sangre en su cuerpo.

Pero como el tiempo pone a cada quien en su lugar, poco a poco se fue desvelando que todo esto no era más que puro ruido mediático para distraer la atención de lo que se avecinaba debido a la fuerza que estaba tomando el PRD con Porfirio Muñoz Ledo, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y doña Ifigenia Martínez, entre otros connotados priistas que abandonaron las filas de su partido nodriza y también sobre otras cosas que como siempre ya atosigaban más y más al país, pues se había informado a través de agencias internacionales que si bien la moneda mexicana tenía un sostenimiento aparente frente al dólar, esta paridad que había fluctuado muy poco durante todo el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, era ficticia y que la economía mexicana estaba prendida con alfileres por el gobierno gringo para darle un toque de legitimidad y buena conducción a la administración salinista, y con esto del chupacabras obviamente se tenía que desviar la atención en gran parte de la población; y si bien hubo quien desde un principio concluyó que era nada más un cuento chino, también hubo un sector de la población que dio por un hecho la aparición del chupacabras.
Al paso del tiempo hubo analistas que publicaron lo dicho por un parlamentario británico en cuanto al neoliberalismo, pues según su creador, de acuerdo al parlamentario inglés, para que este sistema neoliberal funcionara a la perfección, era necesario difundir cotidianamente noticias alarmantes como un distractor para que la mayoría de la gente dirigiera su atención hacia hechos angustiantes y que consideraran como peligrosos para su integridad física y así no sintieran como eran escamoteados sus dineros de sus ahorros, en sus prestaciones laborales y mediante hipotecas.

Y así apareció el chupacabras en nuestro país, y luego el caso de la niña Paulette que desapareció varios días para luego aparecer debajo de su cama supuestamente ya con ocho días de haber fallecido. Luego vino el cuento de la mentada influenza H1N1 o algo así, que se la creyeron hasta personas serias, claro que nada más un cierto momento, porque de inmediato vieron que era un caldo de cultivo del gobierno del entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa para ver el grado de sometimiento y sumisión del pueblo mexicano ante este tipo de noticias. Y como un milagro, así como apareció dicha influenza, así desapareció, de la noche a la mañana ya se había solucionado el asunto.
Luego saltó a la palestra el asunto de la quinceañera Rubí, y ahora el tema mediático del jovencito José Antonio Sánchez Flores, que desapareció y apareció misteriosamente, y cuando se involucra en estos temas la televisión mexicana, ¡aguas! Algo turbio hay.

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