CON EL PRI HASTA LA IGNOMINIA

CON PRECAUCIÓN
Sergio Mejía Cano

Tenía que llegar el día en que colapsara el otrora partido aplanadora, el Partido Revolucionario Institucional (PRI), por la manera en que se está desmoronando hoy en día debido a la falta de democracia dentro de sus mismas filas, ya que sus dirigencias le apostaron cada día más al dedazo que a la consulta a las bases. La gota que derramó el vaso quizás lo fue la imposición de un candidato externo a la Presidencia de la República para las elecciones del pasado 1 de julio de 2018.

En el argot del populacho, cuando de limpiar algo se trata se dice que habrá que darle una sacudida al árbol para que caigan los frutos podridos, pero también los que ya están por caer por maduros o no estar ya bien sostenidos. Igual como cuando una agrupación comienza a desmoronarse, se dice comúnmente que ya se empezó a desgranar la mazorca.

Ahora en este caso del PRI, no ha hecho falta que alguien haya sacudido el árbol, sino que han sido sus propios movimientos los que han ocasionado que sus frutos vayan desapareciendo poco a poco o en desbandada soterrada, porque es obvio que las filas priistas ya están muy mermadas. Lo malo de este movimiento fue que se descubrió que no nada más lo frutos están cayendo, sino que su tronco está por demás podrido y erosionado, sostenido únicamente porque en sí sus raíces, que son sus estatutos siguen firmes pero olvidados, por lo que tal vez también dentro de poco tiempo también esas raíces se sequen y del glorioso PRI no quede más que un triste recuerdo.

Allá por los años 70 en una caricatura del bien recordado Eduardo del Río (Rius), se veía a un personaje priista que en su globo decía que “con el PRI hasta la ignominia”, y hoy, con la renuncia del doctor José Narro a las filas del PRI después de décadas de pertenecer a dicho partido político, no han faltado quienes se rasguen las vestiduras por la decisión del señor Narro llamándolo traidor y otros más aducen que entonces jamás fue un priista convencido porque el que tiene la camiseta bien puesta no abandona el barco jamás; pero tal vez el doctor Narro no se quiere hundir en la inmundicia en que se ha convertido el partido que nació de una revolución social que si bien nunca dio los resultados esperados por Juan Pueblo, al menos sí se llegó a entender como el triunfo de una clase social siempre explotada, que siguió en las mismas pero ahora con algodones que hacían menos dolorosa esa explotación.

Y ¡oh, sorpresa! La señora Beatriz Pagés Rebolledo le hace segunda al doctor Narro, por lo que algo muy grave han visto en el PRI, porque estos dos personajes vaya que han recibido mucho del PRI, así que para que lo abandonen no es nomás porque sí.

Sin embargo, la diáspora en el PRI –antes impensable o inconcebible- se comenzó a gestar con la salida de ese partido de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, entro otros antes connotados priistas que precisamente pedían democracia dentro de la organización, a lo que hizo muy poco caso el entonces presidente Miguel de la Madrid Hurtado, por lo que no les quedó de otra a los antes mencionados que abandonar al PRI para formar el Frente Democrático Nacional que posteriormente dio paso a la creación del Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuyo fin también ya está próximo.

Según algunos analistas, creen que este abandono de las filas del PRI tanto de Cárdenas como de Muñoz Ledo y otros priistas fue con el fin de crear un partido “de izquierda” con priistas para no darle oportunidad a los verdaderos pensadores de izquierda de crear su propio partido que sí pudiera atraer gente del pueblo deseosa de justicia social, así que qué mejor que fueran los mismos priistas quienes hicieran la izquierda mexicana para que el poder no se saliera de sus manos.

Porque es un hecho que a todos los priistas que han abandonado a su partido nodriza, les ha ido bien, pues la mayoría, si no es que todos ellos están bien acomodados aunque hayan pasado algún tiempo en el ostracismo político; he ahí al actual presidente de México y parte de su equipo y otros compañeros de su movimiento que, salvo pocas excepciones que no han sido priistas, pero muchos de los ahora expriistas ya encontraron acomodo; y muy cómodo por cierto.

Todo por servir se acaba, aunque en el caso del PRI, este partido si bien sí es notorio que hizo avanzar a su modo al país, fue porque tenía que hacerlo por la misma modernidad que lo empujaba, pero al último quedó claro que más se sirvió a sí mismo que al país en sí.

Sea pues. Vale.