CLAROSCURO: SUPERIOR (1987) -CUARTA PARTE-

Rigoberto Guzmán Arce

En memoria de mi amigo profesor a todo dar…Misael González.

Ya tuve la oportunidad de laborar en Ixtapa, el estar en la docencia y los cursos de verano eran un bálsamo hermoso para tod@s l@s maestr@s que en gran parte venían del ardiente Sinaloa, de la apertura amistosa que nos deleitaban y las sacudidas de alegría, el exponer temas y clarificar las ideas. Las tardes redondas bajo las sombras del Llano, los juegos y la comunión con el momento, ya estaba atrapado en la poesía.

Amigos maestros que iban viendo que primero salía el camarada que andaba en “la cruda”, y no volvía a clase, después el otro y así se iba desgranando la mazorca estudiantil, hasta que el catedrático tenía que ir a buscarnos al jardín del panteón, entre las bancas y la pirámide de cervezas y el galón de tequila blanco, al comprobar que ya teníamos fiesta comandados por el jefe de grupo, apodado “El Güero”, que precisamente venía de Tequila, Jalisco, y nos surtía del mejor elíxir agavero hasta llegar a esas noches de colores en el cerro Cristo Rey, en las lluvias de recuerdos, nostalgias y amores tentadores.

En las mañanas irme con el amigo Marco en su Datsun escuchando música de Carlos Santana y John Lennon para la primera clase. Pelo largo, vestimenta casi siempre con camisas negras y blancas con mis pantalones de mezclilla y mis libros más que cuadernos para leer en ratos libres en compañía de Remberto Monroy, “Popeye”.

Me gustaba tener amigos que a unos les gustaba hablar de arte, otros de sindicalismo, de educación en sus centros de trabajo, de política tan variadas, de diferentes partidos. Estábamos en el régimen del oscuro y mediocre Miguel de la Madrid e inmersos en los libros de Rius.

Fueron desfilando maestros que preguntaban por el grupo antes de tomar la decisión de aceptarlo porque la fama crecía y los nervios se les multiplicaban, sus temores los delataban. Las materias me resultaban interesantes cuando el docente tenía la forma de tratarnos con respeto, cuando utilizaban estrategias, entonces se aprendía el contenido y en el ambiente de camaradería.

Pero era inevitable chocar y que al final de cuentas nos daban la razón que estábamos en el lado correcto de la historia. Sensaciones que el verano nos traía los signos de juventud y la libertad, estudio y bailes en el Apolo y Discoteque Natos.
Fue relevante que la ciudad salía beneficiada de ofrecer hospedajes y alimentación a cientos de profesor@s y que eran efervescencias en lugares tan emblemáticos, recorrer de nuevo las calles, la inmensidad de planes y los brindis.

La correspondencia y la apertura de pueblo hospitalario, los vecinos alquilando sus cuartos, la bonanza del mercado y casas comerciales. Llegó el viaje a California, mi renuncia que sacudió a la familia para irme a colaborar con Casa Nicaragua de Los Ángeles.

Posteriormente mi viaje a ese país de lagos y volcanes, de sandinistas y contrarrevolucionarios, de poetas y cachorros de Sandino, de mis sueños de ser parte del Ministerio de Cultura. Sus comunidades indígenas y las fronteras de guerras; artesanías ancestrales y los libros baratos. Viajes a sus costas y pequeñas ciudades.

Ya en nuevo curso, nos tocan maestros carismáticos como Misael González que desde principio despintó su raya y se presentó con su manifiesto que no sabía nada de la materia que era algo así como geografía e historia contemporánea, pero que estaba dispuesto a que se prendiera el debate, aunque lo corrieran. Se prendió.

Nos cayó bien, aunque yo lo conocí muchos años antes porque era de la generación de Gloria, mi hermana, que habían egresado de la Normal de Guzmán. Así que nos íbamos a emborrachar al Café Nápoles en sus vestigios. Una mañana antes de ingresar al salón, me dijo que iba a proponerle al grupo algo. Ya en pleno, dijo: compañeros vienen dos temas complejos en el plan de estudio, la revolución cubana y la sandinista y les propongo que el profe Rigo sea el que coordine.

Se aceptó y yo no me rajé. Al día siguiente me llevé material de Cuba y escribí en el pizarrón el título y subtítulos sugerentes para que se engancharan y duró toda la semana. Les presenté revistas, libros, periódicos, testimonios, fotografías, evidencias de mi viaje a Nicaragua.

Le entramos a los aspectos escabrosos y nos veíamos atrapados por la desinformación, de que era necesario informarnos, investigar porque, ¿cómo era posible que fuéramos historiadores y no leyéramos?

Aplausos y la propuesta del maestro de que en virtud que cruzamos sanos y salvos del río de la polémica nos invitó cinco cartones de cerveza para festejar que no hubo heridos ni desaparecidos… Continuará el próximo viernes.

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