BOLETO PARA QUÉ, SI NO SE VA A RIFAR EL TREN

CON PRECAUCIÓN
Sergio Mejía Cano

 

En la otrora orgullosa ruta de la costa occidental: el Ferrocarril del Pacífico, quienes estaban a cargo del cobro de boletos a bordo del tren de pasajeros eran los conductores de trenes, por lo que en cada tren de pasaje viajaban tres conductores, el regular que llevaba bajo su mando inmediato el tren y dos a cargo de la transportación tanto para revisar boletos, como los cobros a bordo.

En las demás líneas quienes hacían las mismas funciones se les denominaba auditores y provenían de la rama de oficinas; y todos, tanto conductores de transportación como auditores siempre andaban alertas porque había inspectores que abordaban los trenes para comprobar que todos los pasajeros portaran su boleto, y en caso de que se detectara alguna anomalía al respecto, se levantaba el acta correspondiente para posteriormente llamar al conductor o auditor a deslindar responsabilidades, según el caso.

Esto viene a colación porque es inaudito que hasta el día de hoy haya compañeros que sigan con la creencia que por causa de que no se dieran boletos a bordo haya quebrado el ferrocarril y que por eso lo privatizaron nuevamente. Y esto porque había conductores de transportación a los que en el argot ferroviario coloquialmente se les decía “pica-pica” que supuestamente no daban boleto al pasajero que lo pagaba a bordo. De ahí surgieron infinidad de anécdotas al respecto, como por ejemplo que cuando un pasajero al pagar su boleto y le exigía al pica-pica que se lo entregara, el de transportación le decía que para qué quería boleto si no se iba a rifar el tren, y otros que se los recogían a los pasajeros para revenderlos; cuando el pasajero pedía su boleto, el pica-pica sacaba de su bolsa varios boletos y le preguntaba al pasajero que en qué terminación lo quería, como si fueran billetes de lotería.

Lo trenes de pasajeros nunca estuvieron contemplados con fines de lucro y tampoco fueron los que con sus ganancias hayan sostenido a las compañías ferroviarias en nuestro país; fungían más bien como un servicio social para satisfacer primordialmente las necesidades de transporte de las clases más menesterosas, según palabras del Tata don Lázaro Cárdenas del Río en 1937 cuando nacionalizó los ferrocarriles.

Eso de que se diga que por no dar boletos a bordo quebraron lo trenes es desde luego una falacia, porque por más dinero que se hayan quedado los conductores de transportación y los auditores, respectivamente, era nada comparado a otras sustracciones a mayor escala que sufrían las líneas férreas en México; además, ya estaba contemplada la privatización una vez que por anticipado se cancelaron las concesiones en 1987 por decreto del entonces presidente Miguel de la Madrid Hurtado cuando por decreto aglutinó todas las líneas en una sola: Ferrocarriles Nacionales de México, para posteriormente ir desmenuzando las misma líneas e irlas entregando paulatinamente a la Iniciativa Privada tanto nacional como extranjera, tal y como están hoy en día con la complacencia del secretario del sindicato ferrocarrilero Víctor Félix Flores Morales, a quien no le importó que no se respetara la Ley Reglamentaria del Servicio Ferroviario que, en una de sus cláusulas, establece que al momento de la concesión a particulares los trabajadores no se verían afectados en sus derechos laborales, cosa que sucedió a las primeras del cambio, pues la nueva empresa no quiso tener nada que ver con las conquistas laborales y prestaciones contractuales anteriores, para trabajar únicamente con sus condiciones, en donde entró desde luego la cancelación de los trenes de pasajeros porque según los nuevos concesionarios estos trenes nada más les estorbarían para el arrastre de mercancías que es en sí lo que verdaderamente deja ganancias a un ferrocarril: los trenes de carga y no los de pasajeros.

Así que decir que fue porque no se daban boletos pagados a bordo es por demás algo incongruente; y precisamente la prueba de que supuestamente no dieran boletos los pica-pica y los auditores no fue la causa de la quiebra de los ferrocarriles y el motivo para su privatización, es que si hubiese lucro y ganancias con los trenes de pasajeros, entonces anduvieran rodando; pero no, nada de eso, ya que estorban y no dejan ninguna ganancia para los nuevos concesionarios a los que no les importó para nada dejar miles de trabajadores en la calle y de gente que se mantenía indirectamente de los trenes de pasajeros como vendedoras en los andenes y alrededores de las estaciones.

Sea pues. Vale.