Periodico Express de Nayarit
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¡OJALÁ Y PUDIERA!

Francisco Javier Nieves Aguilar

2017 / 01 / 19

 Para el próximo 9 de marzo estaré cumpliendo exactamente 31 años de haberme convertido en padre por primera vez. Aún recuerdo el día en que en el hospital de Ixtlán me dieron la noticia del nacimiento de Omar, mi primer hijo. No lo podía creer. Ya era padre y eso era un orgullo para mí. No pensé por un momento las implicaciones que todo aquello traía. Mi única alegría era saber que ya era padre.


Posteriormente vendrían Erika, Javier, Anahí y César. Pero Hoy, a mis 58 años, me doy cuenta que no es fácil ser padre --¡Chin!, dentro de dos años ya estaré en los 60!-.

Los años pasaron y las experiencias me han ido enseñando que la tarea no es fácil. Aun cuando ya mis hijos son jóvenes mayores –incluyendo a mi Cesarín, quien ya presume su credencial de elector- quisiera encontrar más herramientas para ser un mejor padre, porque nunca es tarde para aprender.

Hablando llanamente y dicho con toda sinceridad, creo que no he sido un buen padre. He fallado en muchas cosas. A veces y como capitán del barco siento que hemos estado en la deriva. Por eso, hoy reflexiono acerca del papel de ser padre y uno mi voz a la de Diana Loomans quien escribió:

Si pudiera educar de nuevo a mis hijos, pintaría más con los dedos y señalaría menos con el dedo. Los corregiría menos y me vincularía más. Apartaría los ojos del reloj y los observaría más a todos.

Me importaría saber menos e interesarme más. Pasearía más y volaría más papalotes. Dejaría de jugar serio y jugaría seriamente. Correría por más campos y observaría más las estrellas. Abrazaría más y molestaría menos. Sería firme con menos frecuencia y afirmaría mucho más.

Construiría primero la autoestima y después la casa. Enseñaría menos sobre el amor al poder y más sobre el poder del amor.

Nunca es tarde para volver a empezar. Por lo menos hoy quiero ser un mejor padre  y no provocar a mis hijos la ira sino más bien instruirlos y disciplinarlos en el amor del Señor.  Ser padre es un regalo de Dios y los hijos también son un regalo del Señor.  En cada uno de ellos hay hermosura celestial.

Tenemos a los hijos tan poco tiempo que no vale la pena desperdiciar tan poco tiempo.  Es una bendición de Dios tenerlos a ellos a nuestro alrededor.  Por eso hoy quiero ser un mejor padre.