Periodico Express de Nayarit
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Invaden hondureños calles de Ixtlán

Francisco Javier Nieves Aguilar

2017 / 01 / 17

Lautaro se lleva con avidez el trozo de sandía a su boca. “¡Traigo mucha hambre papi!”, dice, dirigiendo su vista hacia el reportero. Cristóbal no se queda atrás y también engulle un pedazo de la misma fruta.

Joaquín, en tanto, deja su mochila y se apuesta en medio de la avenida Emilio M. González, en la confluencia de la Calle 8. Con su diestra extendida, pide ayuda a los conductores.

Lautaro, Cristóbal y Joaquín llegaron a Ixtlán antes de que despuntara el sol. Los tres son hondureños y se dirigen hacia aquel país después de 30 fallidos intentos por ingresar a los Estados Unidos.

El primero de ellos relata que su familia siempre vivió en condiciones precarias, ya que el sueldo que percibía su madre como trabajadora del hogar apenas alcanzaba para la comida de los seis integrantes de su familia: su mamá, tres hermanos y su abuela.

“Tuve que dejar la escuela, solo saqué el tercer grado y cuando cumplí los 12 años tuve que ponerme a trabajar para ayudar a mi madre en los gastos de la casa”, cuenta este joven de tez morena oscura.

Agrega que al cumplir los 16 años, su madre falleció y él asumió la responsabilidad de su familia; “pero allá en Honduras tá dura la cosa mi hermano; por eso quise meterme a Estados Unidos. ¡Y nomás no pude!”.

Dice que ganar dólares en los Estados Unidos es el sueño de muchos hondureños pero que tienen que sortear diferentes obstáculos. El primero: un adiós a los suyos que puede ser el último.

Para internarse en nuestro país tienen que pasar por Guatemala. Cruzan el río Suchiate y después escogen la entrada: Chiapas o Tabasco. Trepan en el tren Ferrosur, conocido por ellos como “La Bestia”. Este metal traiciona, mutila y quita la vida, pero es el medio de transporte que los lleva hasta la ciudad de México.

De ahí cada quien elige su propio camino. Los que pasan por Nayarit escogen la ruta del pacífico trepando a los vagones de Ferromex. Algunos corren con suerte y logran adentrarse en los Estados Unidos. Otros fracasan en su intento, como es el caso de estos tres hombres.

Con mochila al hombro y mientras que Cristóbal y Joaquín tratan de conseguir unos cuantos pesos para su regreso a Centroamérica, Lautaro afirma que nunca más volverá a intentar traspasar la frontera norte, “menos aún ahora que llegue al poder Donald Trump.

Carlos Alberto –otro hondureño nacido en una localidad perteneciente al departamento de Choluteca– se dirige por su parte hacia la frontera norte; va en busca del sueño americano y también llegó a Ixtlán el pasado sábado 14 de enero.

Lo acompaña Marativo –un hombre treintañero también de piel morena-. Ellos se encaminan por la calle Zaragoza, de poniente a oriente. Piden ayuda al conductor, al peatón, o directamente en las casas.

Así se dirigieron a este reportero, pidiendo algo de comer o algunas monedas. Al segundo de ellos se le apreció un tatuaje en su brazo izquierdo, con su nombre y una especie de escorpión.

Carlos Alberto brevemente platica que ha sido un viaje muy peligroso. “A mí me querían bajar del tren por Tierra Blanca. Venían dos hombres con pasamontañas y con cuchillo. Querían dinero. No traía y corrí”, señala, mientras recoge las monedas que le entrega el periodista.