Periodico Express de Nayarit
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CON PRECAUCIÓN: ¡PAMPLINAS, QUÉ!

Sergio Mejía Cano

2015 / 07 / 28

 A finales de julio de 1969 me encontraba con unos camaradas en la Plaza Universidad, en pleno centro de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, comentando el tema del momento: La llegada del hombre a la luna. Como no dejábamos de mirar al cielo, a mucha gente le llamó la atención nuestra actitud, por lo que se fueron agregando más personas a la polémica que, por supuesto, devengó en voces a favor y en contra.

Sin embargo, quien nos hizo callar a los ahí reunidos fue un anciano de aspecto indigente que poniéndose en el centro del grupo de gente y dando un giro de 360 grados con el brazo levantado en forma horizontal y apuntándonos a todos mientras daba la vuelta con su dedo índice, de pronto dijo en voz alta: ¡pamplinas qué! Y tal y como si fuera un maestro en medio de su grupo de estudiantes, comenzó a explicarnos una serie de argumentos que a muchos de los ahí presentes nos puso a pensar y aún hoy en día, las dudas que despertó en mí lo dicho por aquél anciano persisten en mi mente que con el tiempo se reafirma más mi incredulidad a que haya sido cierto que un vehículo terrestre se haya posado sobre la superficie lunar.

Todavía recuerdo gran parte de las palabras pronunciadas por ese anciano que, por cierto, a pesar de que parecía limosnero, después de su discurso se alejó como si nada y sin pedir nada a nadie de los que lo escuchamos. Pero cuando se iba alejando lo seguimos mis camaradas y yo y le invitamos a un café o un refresco en una de las mesas de unas sombrillas que antes ahí estaban. El señor pidió un café y mientras lo saboreaba nos miró a los ojos a todos y cada uno de nosotros.

Aún sigo oyendo sus palabras cuando nos dijo que para salir de la fuerza de gravedad que tiene nuestro planeta se necesitaba una potencia mucho mayor a la conocida hasta entonces por el hombre, que era muy difícil romper esa barrera y, en el supuesto caso de que lo hayan logrado los gringos, al salir de la fuerza de gravedad ya no había dirección para lo que pudiera salir de la fuerza gravitacional; es vacío, dijo este señor, y en el vacío no rigen las leyes de la física que rigen dentro de la atmósfera terrestre, para nada. En caso de que algo pudiera abandonar la tierra fuera de su poder de atracción se perdería sin rumbo en el espacio exterior, pues ahí no hay poder de aceleramiento ni frenado y desde luego ninguna dirección en específico; quizá de aceleración sí podría haber, pero no provocada por el objeto en sí que abandonara el planeta sino debida al vacío qué, muy probablemente hasta podría volver a introducir a la atmósfera al supuesto objeto. Si la fuerza de atracción o gravitacional de la tierra tiene atrapada precisamente a la luna, ¿podría una nave espacial escapar a esta fuerza? Y si acaso debido al vacío escapa, se perdería sin rumbo fijo.

Un vehículo terrestre hace posible su avance porque la tracción del rodaje se apoya en el piso y toma la dirección deseada gracias al volante, un barco se impulsa gracias a la resistencia del agua y toma la dirección que se le indica gracias al timón y hélices propulsoras y en botes pequeños los remos lo determinan todo. Un avión se apoya precisamente en el aire, en la atmósfera para avanzar igual que los cohetes, y la dirección y altitud la rigen sus aletas o alerones predestinados al propósito; pero en el vacío, todo lo conocido hasta hoy por la humanidad para trasladarse no rige en lo absoluto.

Ahora bien: en el hipotético caso que la nave Apolo 11 hay podido acercarse a nuestro satélite natural, ¿en qué atmósfera lunar se apoyarían los cohetes propulsores para alunizar y después despegar una vez concluida la misión? Si se afirma que la atmósfera lunar –si es que la tiene- no es igual a la terrestre, entonces ¿en qué se iba a apoyar el módulo lunar para su descenso? Con paracaídas, imposible; y con motores de propulsión a la inversa también, ya que los terrestres necesitan mucho oxígeno para hacer explosión y funcionar óptimamente.

Pero bueno, ya está el módulo en la superficie lunar, ya tomaron fotos, dejaron huellas y se llegó la hora de abandonar la luna que, se supone también debe tener cierto grado de fuerza de gravedad, ¿cómo se va a impulsar dicho módulo hacia arriba? Supongamos que el primer impulso lo hace apoyado en el suelo lunar, ¿pero el segundo? Aquí uno puede brincar apoyado en el suelo, pero ya no se puede volver a brincar en el aire, sino hasta que se vuelve al piso. Claro que a menos que haya turbinas de por medio que se apoyan en el aire, pero ¿en el vacío, cómo?