Periodico Express de Nayarit
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Disciplina militar

Omar G. Nieves

2012 / 04 / 17

La disciplina que los hombres adquieren forma parte del orden matemático que refleja el mundo. Somos seres que nos gusta ver las cosas con arreglo. A la naturaleza le copiamos las proporciones que las aves tienen para poder crear aviones. A los peces los emulamos en su fisonomía para hacer submarinos. Y hasta en cuestión de combinación de colores, podemos imitar a la mariposa para pintar una casa o vestirnos.

A todos nos pasa que cuando estamos en nuestro hogar para descansar, gozamos de una tranquilidad inefable mientras que haya orden, y si algo no está en su lugar o sucede que está sucio, esa quietud se trastoca, aunque sea de manera etérea, debido al revoltijo que hay.

Y es que en una mente sana todo está articulado. El habla no sería nuestra máxima herramienta de aprendizaje si no ponemos en orden nuestras ideas, si no las representamos organizadamente con símbolos.

Pero volviendo a la disciplina, ésta, a diferencia de los pensamientos, se manifiesta en actos. Lo fundamental en una persona con disciplina es que sabe obedecer. Tomando como ejemplo los diseños de los aparatos y máquinas que el hombre ha inventado – como la rueda –, colegimos que éstos han sido hechos debido al acatamiento de las leyes que rigen el universo. Al respecto, recordemos aquella frase de Francis Bacon, que dice: “Para vencer a la naturaleza, hay que obedecerla”.

Durante el Servicio Militar Nacional (SMN), aprendí una máxima que usan los soldados para mantener la disciplina en el ejército: “Tan noble es mandar como obedecer, pero sabrá mejor mandar quién mejor sepa obedecer”.

Cuando fui conscripto del ejército, observé que son muchos los factores que en la milicia se usan para mantener el orden y la disciplina. La lealtad empieza cuando al soldado lo hacen sentir parte de un grupo que actúa como un solo cuerpo. El teniente nos ponía en formación y nos gritaba: “uno, dos, uno, dos… medio flanco a la izquierda… ¡Ya!”.  Si alguien se equivocaba, el castigo eran varias “lagartijas”. Mi estimado Checho Andrade tuvo que “ponerse mamado” en varias ocasiones debido a lo subversivo que era.

Y aunque el ejército es admirable por su conducta metódica, nunca he estado de acuerdo en que el rigor del adiestramiento esté vacío de contenido moral, de un fin supremo. Eso fue lo que les dije a los soldados cuando me tocó pronunciar el discurso de fin de despedida.

Después de repetir la máxima que nos habían inculcado, les advertimos: “Es deber primordial del soldado ser leal a sus mandos superiores, pero más importante que esto es serle leal a la patria. Como el insurgente Vicente Guerrero, quien en la lucha por la independencia se encontró con su padre que se arrodilló para suplicarle que abandonara la causa. Y entonces el caudillo se dirigió a su propio ejército para decirles: ‘Señores: este venerable anciano es mi padre y merece toda mi obediencia y respeto, mas sin embargo yo no puedo esta vez consentirle ¡Pues la patria es primero!”.

Me dirigí al capitán para remarcarle: “Compañero, tenemos un comandante en jefe que se deposita en el Ejecutivo, mas coincidimos compañeros que ante todo, la patria es primero, y quien esté en contra de la patria es nuestro enemigo”.

Era un joven rebelde entonces y estaba invitando ilusamente a uno de los mandos superiores del ejército a rebelarse. Sabía, como se, que la disciplina sirve para poner en orden al desorden.

Ahora pienso que para poner orden en este mundo caótico  y caduco sigue siendo importante mantener la disciplina. El llamado a la rebelión sigue siendo vigente, pero no con las armas y los tanques que exterminan las vidas, sino con el intelecto y el espíritu que conquista almas. El gobernante de este mundo pronto será destruido, y sólo los que mantengan la disciplina podrán salir victoriosos.