Hálito de esperanza para el desarrollo cultural del sur de Nayarit

Perfil y Portada de la cultura en Nayarit

Por Shantal Contreras

 

Escuchar hablar a Arturo Camacho es como estar sentada a la orilla del Río Barranqueño en verano. Las palabras salen del cauce de su boca en un glu, glu, glu, vertiginoso y cristalino.

Me fui de Amatlán de Cañas cuando tenía cinco años. Aprendí a leer y a escribir en Guadalajara. Dicen que los seres humanos pertenecen al lugar en el que aprendieron  a leer y escribir, pero también dicen, que se pertenece al lugar en el que se vivieron los primeros años de infancia; entonces, soy de Guadalajara, Jalisco y de Amatlán de Cañas, Nayarit.  

Mis padres fueron modestos empleados de correo, sin embargo, su oficio les permitió tener un acervo cultural y una visión de la realidad nacional, distintos al común de los amatlenses. Nos mudamos a Guadalajara y no volví a Amatlán de Cañas hasta el día en que  el primer hombre puso un pie en la luna. No lo olvido, mi madre me leyó la noticia. Desde aquel histórico día regresé a la tierra del amate sólo de visita. De la nostalgia de mis padres por vivir lejos de su lugar de origen; de mi nostalgia por tener unos padres que migraron por amor a la posibilidad de vuelo que otro cielo abría para sus párvulos; del amor herido por ver en riesgo el paraíso donde di mis primeros pasos; de mi deseo por retribuirle a la sociedad un poco de lo que soy gracias a las oportunidades que me abrieron, nace la Casa del Cuastecomate, centro educativo y cultural que promueve el desarrollo humano y sustentable del sur de Nayarit.

Juan Arturo Camacho Becerra es doctor en historia del arte por la Universidad Autónoma de México y profesor investigador de la Universidad de Guadalajara; la mayor parte de su trabajo está centrado en la crítica e investigación de las artes visuales de los siglos XIX y XX en México y Jalisco, especialmente pintura y fotografía.

Hace bastantes, años Arturo Camacho se puso a horrar parte de su salario para materializar el sueño de construir en Amatlán de Cañas un lugar desde el cual pudiera compartir con la comunidad las expresiones culturales y artísticas a las que él ha tenido acceso desde niño. Hace poco más de tres años, el sueño de Arturo contaba con los suficientes pesos, las ideas concretas y dos o tres cómplices en la familia para comenzar a caminar.

Encontró en el Barrio de las Pilas, en el poblado de Barranca de Oro, una casa rural que pese a su deterioro contaba con una buena plomada de albañil. Los muros de adobe no estaban tan destruidos, la edificación conservaba los trazos de un tapanco, un corredor de tareas, algunas puertas de madera y una tauna como vestigios de la actividad minera de Amatlán de Cañas. Su sobrina lo alentó a comprarla y lo ayudó a investigar dónde y quiénes podrían trabajar en el proceso de restauración. Ya pasaron tres años desde entonces, aún faltan algunos espacios por restaurar; también falta comprar equipo, además del poco que ya ha adquirido para realizar algunas actividades.

Desde que compró la finca, Arturo Camacho abrió las puertas de la Casa del Cuastecomate para que la comunidad entrara. Del 23 al 27 de julio del año que corre, se celebró el “3er Festival Cultural en el  Verano Barranqueño”. Se ofrecieron de manera gratuita diversos talleres y actividades culturales, principalmente para niños, adolescentes y jóvenes, sin olvidar al público adulto, quienes por ejemplo, disfrutaron de una proyección de cine al aire libre.

Amatlán de Cañas es, como buena parte  de los municipios de Nayarit, un lugar que expulsa a sus habitantes en busca de mejores condiciones de vida. En el verano, muchos amatlenses regresan para bañarse en el agua fresca de sus ríos, desintoxicarse en sus aguas termales y respirar aire puro en la Sierra de Pajaritos. Este 2018, quienes viajaron desde Guadalajara, Tijuana, Sonora, California y  Ciudad de México, encontraron, además de la naturaleza aún exuberante de su tierra, la posibilidad de tomar un taller de vídeo de auto identificación para explorar lo que son y lo que los identifica; aprender a realizar animación cuadro por cuadro, ficción en corto o un títere para contar una historia.

Arturo Camacho sabe que su proyecto es ambicioso, que la Casa del Cuastecomate nació para ser un centro educativo y cultural dedicado a promover el desarrollo humano y sustentable del sur de Nayarit. La difusión cultural, la investigación y la capacitación, son los tres ejes principales del trabajo del centro educativo y cultural de este amatlense que aprendió a querer su pueblo a través de la memoria viva de sus padres.

Emocionado, Arturo Camacho me  cuenta que, según sus cálculos, para diciembre de este 2018 estará terminado el tapanco que será la biblioteca de la casa. Su hermano el editor, Heriberto Camacho, donó más de la mitad del acervo de su biblioteca particular. Además de esto, su sobrina Patricia y otros miembros de la familia han sido extraordinarios cómplices de la consecución del sueño; a lo largo de varios años, ha tenido la fortuna de contar con profesionales del arte y la cultura que han donado su trabajo a favor de la comunidad, para que esta finca sea un museo de historia regional y llegue el día en que la Casa del Cuastecomate mantenga sus puertas abiertas todo el año. Cuando llegue el día, sin duda, los habitantes de Barranca de Oro sabrán que el corazón de Amatlán de Cañas necesita más que un verano para palpitar.

¡Cuánto amor es capaz de tejerse aún en la distancia! Pienso, mientras las palabras de Arturo Camacho brotan del cauce de su boca  en un glu,glu,glu, vertiginoso y cristalino para refrescar con la esperanza el sur de mi corazón.

P.D. Puedes ver el registro de algunas de las actividades de los Veranos Barranqueños en la página de Facebook: Casa del Cuastecomate.

P.D.2 Puedes donar acervo, equipo, trabajo y/o pesos para que el centro educativo y cultural La Casa del Cuastecomate siga construyendo a través del arte y la cultura una posibilidad para mejorar la calidad de vida de los habitantes del municipio de Amatlán de Cañas.

P.D.3 Puedes asistir el próximo verano a disfrutar del Festival Cultural Barranqueño y comprobar que al margen de la obligación no cumplida por parte del Estado de garantizar el pleno acceso a la cultura y el arte a los  nayaritas, existen ciudadanos responsables y comprometidos con el desarrollo y bienestar de su comunidad.